Las vallas cumplen una doble función: la primera como elemento de seguridad al actuar como barrera ante el paso, especialmente en el caso de los más pequeños y por otro lado ayuda a embellecer el jardín.
Con un correcto vallado, podemos impedir el acceso a zonas peligrosas, sin embargo, el caso que nos ocupa es el de las vallas ubicadas delimitando el perímetro de acceso de la piscina. Recuerde especialmente que las vallas han de contar con un buen anclaje al suelo.
Si hay niños utilizando la piscina, resulta fundamental instalar un sistema de seguridad que impida el paso a los más pequeños. Los requisitos que una valla debe tener son: una altura suficiente en todo el perímetro, que la puerta de acceso disponga de cierre de doble acción, cierre automático en cualquier posición abierta que quede, además de disponer de cerradura con llave y colocarlas a un mínimo de un metro del agua.
Según el tipo de material que se elija dependerá su duración, mantenimiento y precio.
Barreras metálicas:
Son estructuras fijas, fabricadas en acero galvanizado o acero inoxidable. Requiere cierto mantenimiento.
Vallas de aluminio:
Es el material más adecuado para el exterior, porque es muy resistente a las inclemencias del tiempo, calor, lluvia..
Vallas de madera:
Requieren mucho mantenimiento, normalmente están tratadas al “autoclave”, en diferentes categorías. La más habitual es la de categoría 4, con una duración de unos 20 años, se aplica a madera que van enterradas. La categoría 3, es para los paneles y cercas que no van enterrada.